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Prácticas de Meditación, eleva el nivel de la conciencia.

"Cambia tu mente, cambia tu vida, cambia el mundo".

La verdadera meditación es un estado de conciencia y no un esfuerzo. Alcanzando tal estado en más de una ocasión, este mismo estado empieza a crear sus propios ritmos sostenidos, su propio campo morfogenético y sus efectos propios sobre las vibraciones que nos rodean. De esta manera acaba por convertirse en parte integrante de la vida, nos acompaña durante las horas de conciencia de vigilia, en el sueño y en todas las demás actividades. Llegados a este punto, la meditación se convierte en un placer, no una disciplina, e impone su propia validación. Hasta que esto se produzca, sin embargo, no podemos sino describir sus efectos y confiar en que la curiosidad venga en apoyo de la voluntad.

Efectos cerebrales
El resultado más notable de los estudios acerca de la meditación parece hallarse en los encefalogramas de las formas de onda cerebrales. En el estado normal de la conciencia de vigilia estas ondas parecen seguir pautas aleatorias y caóticas, hallándose más comúnmente en la frecuencia beta. Posiblemente cada hemisferio cerebral emite en longitudes de onda distintas, y quizá existan otras diferencias entre la parte frontal y la región posterior.

Todo esto se modifica durante la meditación en grado espectacular. Tan pronto como da comienzo la sesión, el sujeto muestra un gran aumento de la actividad alfa (ondas cerebrales características del estado mental relajado), empezando por la parte posterior del cerebro y propagándose hacia delante. Al cabo de pocos minutos aumenta la amplitud de esas ondas alfa. La parte posterior del cerebro y la anterior se han sincronizado y puesto en fase, lo mismo que los hemisferios derecho e izquierdo. Esta resonancia prosigue, y aparece en muchos casos una actividad theta (un estado más profundo que el alfa), especialmente en los más habituados a estas prácticas. Los meditadores avanzados con frecuencia presentan actividad alfa incluso durante el estado ordinario de vigilia, y de gran amplitud, además. En estos sujetos también se halló más a menudo el estado theta, a veces también en estado de vigilia.

Efectos fisiológicos
La absorción de oxígeno disminuye en un 16 a 18 por ciento, el ritmo cardiaco se reduce en un 25 por ciento y también baja la tensión sanguínea, funciones todas éstas controladas por el sistema nervioso autónomo, el que preside los procesos involuntarios.

El efecto combinado de estas disminuciones consiste, esencialmente, en que el organismo entra en un estado como de reposo profundo, incluso más que durante el sueño normal. Ese reposo del cuerpo confiere mayor lucidez a la conciencia despierta... mientras el organismo disminuye todas sus actividades, la mente se libera, en esencia, de las limitaciones del organismo y queda libre para expandirse hacia nuevos horizontes.

Se ha sugerido que la meditación desestimula el córtex cerebral y el sistema límbico y que la resonancia de las ondas cerebrales supera la división entre el cerebro primitivo y el neocórtex. De acuerdo con algunas teorías, tal división es el origen de los estados emocionales alienados y del comportamiento esquizoide, que parece específico de los humanos, ya que no se encuentra en los animales. Una mejor coordinación entre los dos hemisferios tal vez explicaría también el mejoramiento de las facultades cognitivas y de la percepción.

Efectos psicológicos
Aparte de la sensación general de relajación, paz interior y bienestar, se ha manifestado en los meditadores un mejor rendimiento durante los estudios, mayor satisfacción y productividad, disminución del consumo de drogas (tanto de las de receta como las de búsqueda de sensaciones) y reacciones más rápidas.

Frente a estas pruebas, resulta difícil negar la evidencia de las grandes ventajas de la meditación. ¿Quién no desea mejorar la salud, animarse y aumentar su propio rendimiento? Y todo esto a cambio de una práctica que no cuesta ningún dinero, no precisa ningún equipamiento y puede realizarse en cualquier parte...

Las diversas técnicas
La meditación tiene tantas técnicas como meditadores. Por mi parte sugiero que no está de más practicar diferentes métodos; esas experiencias nos servirán para adoptar la que nos sirva mejor. Una vez hallada, sin embargo, conviene perseverar en ella durante algún tiempo, ya que las prácticas de meditación requieren constancia para manifestar plenamente sus resultados.

El rasgo común de todas estas modalidades es que procuran fijar la atención en una sola cosa. Bajo las condiciones normales de conciencia de vigilia, la mente suele revolotear de una cuestión a otra en todo momento. La unidad de propósito mental es el objetivo mismo de cualquier meditación. Todas estas técnicas, trátese de un sonido, un objeto o una sensación, tratan de suministrar un instrumento para enfocar la mente y apartarla de su funcionamiento habitual, del torrente de la conciencia febril y caótica.

Es difícil comparar los métodos entre sí para formar un juicio de valor. Las diferentes técnicas afectan de diferentes maneras a distintas personas. No importa cuál de ellas utilicemos, sino que nos sirva bien. Con todas ellas, la repetición y la concentración acaban surtiendo sus efectos al cabo de algún tiempo. Se trata de una disciplina, y como sucede con todas las disciplinas, la práctica hace al maestro.

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